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El muchacho y la comadreja (algo así como una fábula en Las Acequias)

En el momento en que salíamos al mundo,
justo cuando más lo necesitábamos,
el cuadro nos ilusiona:
quizás haya vida allá afuera.


El primer sol de la mañana recorta la figura de una comadreja que trepó al sauce del jardín, de un jardín, en barrio Las Acequias. El muchacho nunca la ha visto antes y se pregunta cómo pudo animarse, con los perros dando vueltas.

El animal está incómodo, se lee en su mirada. Agudiza un poco más la atención cada vez que él se acerca un paso.

Hasta que el muchacho se va, porque se quedaría pero llega tarde al trabajo. La comadreja, en cambio, es dueña de su tiempo: aguardará paciente antes de bajar, cuando así lo decida por sentirse segura.