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Por qué me casé con esta radio (aunque podría escucharse mejor en Roldán)

Amo escuchar radio desde que tengo memoria y finalmente he formalizado matrimonio: me casé con Radio UNR, la radio de la universidad pública de la vecina localidad de Rosario, ubicada en el 103.3 del dial FM.

Admito infidelidades. Como ser: en la primera mañana me dejo envolver por el grave transcurrir de Radiópolis (Radio 2), es usual que la cena familiar esté acompañada por Un tiro al aire (LT8) y cuando pasa la medianoche me entrego al cansancio acumulado mientras desde la mesita de luz susurra bien bajito, casi imperceptible, el amable Hora cero de los deportes (también Radio 2).

Pero siempre vuelvo. Y la programación de Radio UNR me acompaña a lo largo de toda la jornada. Con más intensidad por la tarde, desde Notas de papel hasta ABC Universitario, pasando por La canción del país y Falso Vivo.

En el trabajo, en al auto. Y también en casa, aquí en Roldán, por lo general a través de su aplicación móvil dado que no termina de sintonizar en los equipos de que dispongo.

Quizás sea ese mi único reclamo marital: es que la escucha vía app me resulta una experiencia incompleta. Cuando el sonido es tan nítido suena algo artificial, las voces radiales pierden familiaridad y hasta lucen distorsionadas, vaya paradoja. Se extrañan los matices de la estática.

Razones del corazón

Me casé con Radio UNR porque sus narrativas se desarrollan en calma, un tesoro en tiempos de gritones y arrogantes. Porque los temas se abordan con espacio, reflexión analítica, profundidad conceptual y rigor informativo. Con buen humor y a veces con manifiesta pasión. Y porque esos temas suelen ser de sustancia (o de belleza).

Porque su aire no está contaminado por el estrépito cotidiano del espectáculo porteño, el devenir minuto a minuto del backstage televisivo, el arte valorado en cantidad de likes y reproducciones.

Me siento cómodo con Radio UNR porque sus voces me resultan intelectualmente honestas, incluso (o sobre todo) en aquellos casos en que exponen con firmeza una subjetividad.

Porque quienes la hacen se auto perciben trabajadores de la comunicación más que periodistas, y desarrollan una agenda desprejuiciada, progresista y provocadora que es coherente con ese punto de partida.

Estoy agradecido con Radio UNR porque abre mis horizontes de consumo cultural. En los últimos meses la escucha radial me llevó hasta este increíble podcast del escritor español Jorge Carrión, la hermosa revista Berretín y Creía que mi padre era Dios, una alucinante recopilación de textos cortos a cargo del escritor estadounidense Paul Auster.

Y también me casé con Radio UNR porque reivindica lo público, pone sobre la mesa que las organizaciones no necesitan estar motorizadas por la matriz comercial para ofrecer calidad. Y que la calidad habrá de ser enriquecida cuando se nutra de sensibilidad.