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Las preguntas que me hice mientras esperaba cruzar la Ruta A012

El dedo meñique de mi mano derecha, intrépido chiquilín, se interna en las profundidades de mi caverna nasal a la caza de un moco rebelde.

Ante nosotros –en el asiento trasero está mi hija mayor– autos y camiones pasan a toda velocidad en ambos sentidos de circulación.

Logro despegarlo, lo amaso con satisfacción y lo suelto entre mis piernas. Miro por el espejo retrovisor: detrás nuestro, sobre la banquina, se acumularon dos o tres autos ansiosos.

Cuando parece que habrá un claro, desde Gálvez salen dos camionetas y derrumban toda esperanza. Por calle Libertad, allá enfrente, también son varios los vehículos que aguardan su momento.

La situación es caótica: cruzar la Ruta A012 este jueves por la mañana, como casi siempre, resulta un verdadero desafío.

Volteo la mirada para encontrarme con sus ojos, transmitirle tranquilidad: llegaremos un poco tarde a la escuela, no pasa nada. Ella responde risueña con cara de papá, sos un asqueroso.


Los segundos transcurren y no tengo ninguna intención de apresurarme: el peligro es real, quien cada día lo sufre sabe que no exagero.

Mientras tanto, me pregunto en qué momento perdió relevancia social este gran problema roldanense que es la A012: años atrás era un asunto del que se hablaba. Aunque nunca se tradujo en obras, al menos se hablaba.

Cómo olvidar el entusiasmo que generó el proyecto de bypass para tránsito pesado a la altura de Roldán. O que durante el macrismo se anunció la doble traza con financiamiento público / privado. Hace no mucho también asomó en el horizonte la ejecución de una rotonda en el cruce con Ruta 9.

Más allá de esos fallidos, hoy vale preguntarse qué lugar ocupa el tema en la agenda actual de autoridades municipales, provinciales y nacionales. Más importante: ¿Se traduce ello en gestiones concretas que posicionen a la tan mentada autovía como una alternativa cierta?

Otra inquietud: ¿No sería de naturaleza justa y equitativa que las exportadoras multinacionales ubicadas en la zona portuaria sanlorencina se hagan cargo, al menos en parte, del costo de las obras bajo concepto asimilable a una contraprestación?

En definitiva esas empresas de facturación astronómica son las primeras beneficiarias del uso de la traza, al tiempo que el tránsito de camiones relacionado al sector daña la calzada y configura un grave escenario de inseguridad vial en las ciudades que atraviesa.

Pero qué inocentada la mía, si tal como recuerda el diputado Carlos Del Frade las cerealeras del sur provincial no están siquiera gravadas con el impuesto a los Ingresos Brutos que le cabe al más humilde monotributista santafesino.

Foto: La Capital