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Entrada a la colonia (breve reconocimiento a la profe Julia)

Firme tras los molinetes de acceso al club, su presencia se proyecta implacable: nada escapará a su dominio.

Mirada severa aunque a la vez reconfortante, como si encarnara sentido de justicia. Algo similar ocurre con el tono de su voz, tan cierta su potencia como esa singular calidez campechana.

Un aura de seguridad es lo que finalmente configura. Una seguridad que contiene y empodera al piberío que esta mañana, como cada mañana de verano, está entrando a la colonia del Centro Cosmopolita.

Les choca los cinco, les pregunta por el hermanito enfermo o cómo la pasaron en su cumple. Y siempre, en respetuosa actitud, los saluda por su nombre.

En quince minutos la escena ha finalizado. Sucede todos los días y sigue resultando asombrosa.