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Roldán en bicicleta, Episodio I // La amabilidad

Apenas pasadas las 8 retornaba por Bv. Sarmiento tras dejar a mi hija en el jardín. Linda mañana, amable a los sentidos. Y claro que más linda porque andaba en bicicleta.

Cruzando calle Alberdi la rueda delantera pegó duro contra un desnivel en el pavimento, la cadena dio un salto y quedó atascada entre el piñón y un caño.

Miré alrededor con la genuina ilusión de encontrar algún elemento apto para hacer palanca, como si esos pequeños milagros fuesen cosa probable. Por supuesto que no.

Intenté entonces resolver metiendo mano, pero sólo obtuve dedos engrasados y adoloridos. Por la hora que era, la bicicletería de Bufarini habría de estar cerrada (así lo comprobé minutos después).


Lo tomé con calma: quedaba un largo camino pero tenía tiempo y seguía siendo una linda mañana, amable a los sentidos. Aunque ya no andaba en bici, sino que la llevaba a mi lado mientras caminaba.

Continué por Sarmiento hasta Amenábar, donde giré en dirección a las vías. Sobre mano izquierda asomó un galpón cuyo portón abierto dejaba ver maquinaria; pensé que allí podrían prestarme un destornillador.

Hice sonar las palmas y desde el fondo apareció un hombre de mediana edad, alto, de cabello claro y lento andar. Estaba sorprendido por mi presencia y su primera mirada pareció decirme que estaba en el lugar equivocado.

Lo cierto es que el equivocado era yo, porque cuando le pedí una mano el tipo me ofreció el codo: además de prestarme un destornillador, buscó una llave y recompuso la bici para que la rueda quedase alineada. Luego tensó y engrasó la cadena.


Días después le alcancé unos bizcochos de Panadería Susy. Los redondos, que bien temprano son insuperables. Si alguien quisiera tener conmigo un gesto de gratitud o lo que sea, me encantaría que lo haga con bizcochos de Susy.

Conversamos y supe que se llama Mario, que el galpón es una tornería, que compartimos preocupaciones de paternidad en una época difícil para la paternidad. Y que puedo contar con él si otra vez lo requiero. Es bueno poder contar con un vecino.

Regresé a casa sonriente, pues también esa mañana se presentaba linda y amable a los sentidos. Y claro que más linda porque andaba en bicicleta.